miércoles, 29 de enero de 2014

El inicio como carta de presentación.

Las letras son mi tabla de salvación constante, junto a la música me rescatan de esa esquina de la mente en la que no es bueno quedarse y ponerse cómodo... Originalmente, vi en blogger la posibilidad de conectarme con la poesía -como buena romántica entra en mis placeres culposos- pero ahora, lo considero como la posibilidad idónea para contar al mundo una realidad, mi realidad, que hoy me mueve y me invita a reescribir la historia, la nueva historia de mi vida. Con 26 años consideraba haber ido muy bien. Docente de profesión y oficio, múltiples trabajos, buenas notas, hija cumplida y amorosa, amigos para colorear el tiempo y un ingreso bueno y regular cada quince y cada último de mes. Tenía mucha estabilidad, al menos para los estándares de un país sin garantías y considerando que, podía cumplir con mis responsabilidades y a la par con mis cómodos y bohemios gustos desarrollé cierta zona de confort (que entre períodos de ansiedad controlados) me hacían sentir parte de éste compendio de matices llamado Venezuela. Digo parte pues siempre estuve consiente de todos los problemas que nos aquejaron, y también justamente considero haber hecho la misma parte por no estar sumisa ante ellos, pero con el tiempo esos deseos de libertad fueron pasando una factura irreversible que me hizo tomar una decisión que crearía un antes y un modesto después. Renunciar a mi empleo de seis años... El deseo de empezar de cero en un nuevo lugar siempre fue un pensamiento constante desde que estaba muy joven. Soñaba con Europa y un banco de madera en alguna plaza al que iría a leer mientras escribía. Claro, mi presupuesto iba muy distante si quiera del boleto pero algo me decía que esperara un poco más... Que no descartara tan pronto ese ideal de caminar el mundo con la cabeza llena de estrellas y sueños (así en los bolsillos sólo tuvieran monedas). Gracias a un nuevo empleo que adquirí a los 20 años y una oportunidad muy ilógica y larga de contar pude costear mi primer viaje, fueron 21 días en Europa y África. Lo digo con tooodas sus letras y sin falsa modestia pues ese inmenso orgullo lo pagué durante dos años (los venezolanos asalariados saben de que hablo) pero, hoy por hoy, agradezco semejante bendición y estoy segura que lo haría mil veces más. Antes de ese hubo un viaje más corto a Disney del cual no conservo ni una foto pero sí la enorme organización de mis padres para regalarme tal experiencia, en ese momento mi edad no me permitía entender como te cambia la vida tocar de cerca otras realidades y tierras. Si hago éstos paréntesis es porque soy la única en la familia que tuvo (hasta el momento) todas éste compendio de chances y las mismas me encaminaron a desear siempre un poco más -no desde la inconformidad- sino, desde el sano anhelo de vivir mejor y que ésta decisión pudiese beneficiarles a ellos que tanto hacen por mi. Pasado el tiempo, y teniendo una pareja familiarizada con el evento de inmigrar emprendimos un proyecto en común que nos llevó una vez más a Europa y de primicia a países árabes, yo ya podía más de cerca imaginar lo que nos esperaba. El plan sería regresar después de adquirir ciertas nociones y una vez que tuviera todo al día salir nuevamente y ser lo que la vida nos exigiera por un par de euros. Para el momento ni lo dude y con todo dibujado (hasta una convivencia algo acontecida) me quedé con el un mes allá para planificar mi nuevo comienzo. El regreso a Venezuela me preparaba para otra noticia... Quien fuese mi novio regresaba unos días después tras la imposibilidad de seguir en España, poco después de su llegada la imposibilitada era la relación y con su fin una vez más se modificó el bosquejo de lo que significaba ¨irme demasiado¨. El tiempo, unos dos años que se cuentan rápido pero se viven lento, me colocaron en la brecha de una nueva mejora laboral tras un reciente cargo asignado por mi superior directo... Para ese momento, un par de viajes al Consulado colombiano me aseguraron mis papeles en regla y un nuevo país en mi realidad histórica. La oportunidad de lograrlo o si quiera tramitarlo es tan ilógica y larga como en el caso anterior, pero, sin duda, me caracterizo por los momentos fortuitos y los chances mágicos así que una vez más me siento a conversar con mi realidad para decidir juntas que hacer con nuestros sueños de Principito y Bolívar débil. Para decidir que hacer con ésta nueva ventana que se abrió de la nada. Desde Octubre del año pasado empecé a realizar todas las diligencias para darle legalidad a mis papeles de vida - Estoy considerando postear un enlace que explique detalladamente todo lo que hice- tal vez sea de utilidad para alguien más. Corrijo, hice y hago pues aún tengo un Ministerio pendiente, pero ese mi estimados es otro tema. Hoy por hoy todo ha cambiado a pasos irreversibles y únicos, no con ésto lo considero una transición prudente o menos dolorosa, la realidad de páis, mi país, me cambia a diario los planes... No ha sido un proceso sencillo. Sobre todo por no contar con un capital extenso para la burocracia que genera estos proyectos pero sí con una enorme fe en que todo se encaminará porque si perdiese ésta oportunidad jamás me lo perdonaría. Hoy, (y por hoy hablo de tiempo real en que escribo todo ésto) me encuentro parcialmente desempleada. No poseo mi trabajo como funcionaria pública descrito en líneas anteriores que me generaba mayor incremento, resuelvo con mi segundo trabajo que había tenido que dejar y por suerte logré recuperar y claro, con un par de 'tigritos' como decimos acá a las oportunidades eventuales de hacer dinero. Tengo un par de compromisos financieros al cual hacer frente, me encuentro en la espera de mi liquidación por los años de servicio, sin olvidar: el dolar incrementado, el bolívar devaluado, la nueva providencia para la obtención de divisas, la fuga de capital, la inseguridad, la falta de leche, pollo, harina, artículos personales, la cárcel de Tocorón con discoteca, las aerolíneas que ya no vuelan a Venezuela, Maduro y sus comillas y, un pasaje comprado a lo que parece ser mi mejor y menos europea opción. Tratamos, a la par de toda ésta descripción dantesca, crear una base económica para la partida pero el pronóstico, hasta la fecha no es muy alentador. Me agoto día a día buscando opciones y leyendo noticias, la realidad de éste país me sobrepasa a diario y con todo y eso -y una que otra lloradita a escondidas- lo veo y siento como la mayor prueba a nivel personal y de país que nos ha tocado pasar. Yo nunca voté ni creí en éste gobierno o su gente, aunque trabajé con enorme compromiso en su sistema, compromiso con la gente a mi cargo, no con sus figuras de cartón. Pero hoy me encuentro salpicada y fatigada por tanta injusticia y anarquía. Ya en mi lista se aglomeran -por más- los motivos para irme en relación a los motivos para quedarme. Ya dirán ustedes que tomé la salida sencilla a pesar de ignorar a todas las marchas a las que fui, los movimientos estudiantiles a los que pertenecí, los años que colaboré sin paga alguna para diversos partidos contrarios al vigente, las horas infinitas desde que tengo edad para votar en las que sin comer o sin ir al baño fungí como testigo (y de los que peleaban) de principio a fin de los comicios. La carteleras pintadas, los cursos de inducción para saber sufragar en días electorales, las charlas, las bombas con gas, la sensación de cansancio ante el cambio que no llega o las lágrimas por la realidad de mi país que día a día por seis años viví de frente y viendo a la cara de esos niños y niñas a los que enseñaba con el estómago vacío y la ropita gastada. Pero salí de mi zona de confort, dejé a un lado mi seudo estabilidad laboral, mis posibles temores y la palabra 'NO' ante lo incierto de lo que me espera. Con ahorros adquirí un pasaje que hoy es lo que veo a diario para encontrarle sentido a ésta improvisación con la que me visto a diario. Nadie dijo sería sencillo pero confío en que tras los grandes cambios siempre se encuentra una recompensa aún mayor. Ayer un personaje de una película que veía sostenía que Dios no hace planes, que sólo es un niño con una granja de hormigas.... Sin indagar en tópicos religiosos espero honestamente que si ese es el caso yo no esté al final del hormiguero porque ahora, más que nunca, creer en mi misma y en éste proyecto es mi carta de presentación ante el mundo. Mis ganas de lograrlo es la mayor de las gasolinas -Que por suerte, y hasta ahora, no han incrementado de precio-. Mi voluntad es tan grande que me sonrío con el dolar a ver si a manera de espejo se ríe conmigo. En cuenta regresiva... Abril, ahí vamos.

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